17 julio 2012

El horizonte (microrrelato).


   El viejo sillón parecía haber sido arrastrado por la marea hasta la playa, tan fuera de lugar como el hombre sentado en él. Miraba al horizonte, como siempre, y la línea donde se unían el mar y el cielo le devolvía una mirada indiferente de estatua con el rostro pintado de todos los tonos posibles de azul.
   No escuchó los pasos sobre la arena, detrás del sillón. Alguien le puso la mano en el hombro y las olas se transformaron en pilas de libros y pergaminos, el horizonte en una pared y el cielo en un techo abovedado del cual colgaba un sol diminuto y pálido.
   El anciano mago reconoció la voz de su aprendiz, disolviendo los últimos jirones de la ilusión.
—No va a volver, Maestro.
   Tenía razón. Por más que escrutase el horizonte, como llevaba haciendo durante décadas, nunca volvería.




2 comentarios:

  1. Genial, un micro estupendo que te teletransporta.
    La imagen del sillón con el viejo flotando por ahí... Me apunto esto de dar saltos al vacío en los micros. Claro que sí.
    Saludos.

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  2. Yo quiero un sillón de esos, para olvidarme de todo... Saludos desde Sildunfoytoropichon.blogspot.com

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