11 julio 2012

La Muerte Bífida.

   El siguiente relato es un fanfic inspirado en El Elfo Oscuro, de R.A. Salvatore.
Drow Priestess, by Lunaya-Wolf (DevianArt).

 
 
   En la densa oscuridad solamente eran visibles dos puntos rojos moviéndose sin descanso y dos extrañas líneas de luz verdosa trazando a su alrededor curvas y arcos a una velocidad frenética que solo disminuía cuando sus extremos restallaban contra el suelo, las paredes o alguna de las grotescas esculturas que adornaban la cámara, haciendo saltar esquirlas que caían con un suave tintineo.
    La melodía la completaban los silbidos del látigo, la agitada respiración de su portadora y el roce casi inaudible de sus pies contra la losa. De repente la danza roja y verde se detuvo, los pasos felinos se dirigieron a una de las paredes y el globo de oscuridad que sellaba el elegante arco que daba acceso a un pequeño balcón se disipó, dejando entrar en la estancia el resplandor púrpura que bañaba las gárgolas de la fachada.
    Con la negra piel brillante por el sudor y su melena blanca alborotada, la sacerdotisa apoyó las manos en la balaustrada, recuperando el aliento mientras contemplaba el siniestro esplendor de Menzoberranzan. El ciclo de Narbondel había comenzado hacía poco, lo cual significaba que llevaba casi un día entero encerrada en aquella cámara circular, sin comer ni dormir, desahogando su frustración contra estatuas indolentes y aprendiendo a utilizar el extraño duomer de su nueva arma. Porque Sherhim Vael´Zza, primogénita de la casa Vael´Zza, no podía sentirse más frustrada.
    La mayor parte de la ira que tensaba cada músculo de su hermoso cuerpo iba dirigida hacia su progenitora, la Madre Matrona, hacia su actitud desidiosa y falta de ambición. No parecía importarle el hecho de que la casa Vael´Zza no se encontrase siquiera entre las veinte primeras de Menzoberranzan, abstraída casi siempre en sus rezos, rituales y pergaminos, creyéndose una suerte de mística en contacto directo con Lloth.
    Desde luego gozaban del favor de la Reina Araña, o no habrían sobrevivido tantos siglos a las conspiraciones de las casas inferiores, pero la caótica diosa no permitiría por mucho más tiempo el inmovilismo de una casa donde no faltaba talento, como demostraba el hecho de que tanto ella como sus dos hermanas menores eran tres de las sacerdotisas más respetadas en Arach-Tinilith y su único hermano varón un hábil hechicero. Un centenar de soldados y casi el doble de esclavos completaban el poder de una casa que podría derrotar sin problema a muchas de las que se encontraban en puestos superiores del escalafón.
    Sherhim Vael´Zza apretó las mandíbulas cuando un joven soldado atravesó el patio, varios metros por debajo del balcón. No llevaba los pertrechos propios de la guardia, así que debía estar realizando alguna tarea menor o simplemente paseando. La sacerdotisa llamó su atención golpeando la piedra con sus afiladas uñas y le transmitió una sencilla orden en el lenguaje de signos drow, ya que no quería llamar la atención de quien pudiese estar merodeando por las cercanías.
    Mientras el plebeyo se apresuraba a cumplir su encargo ella entró de nuevo en la cámara y desenrolló el látigo de dos colas, mirándolo detenidamente por enésima vez desde que lo encontrase el día anterior, parcialmente enterrado en el discreto bosque de setas gigantes donde solía encontrarse con algunos de sus amantes varones. Saltaba a la vista que no era un arma drow, pero emanaba la misma malicia, la misma magia perversa que animaría un instrumento de muerte y dolor fabricado por la mismísima Lloth. Lo hizo restallar de nuevo, recreándose en los estragos que causaban en la piedra los dos colmillos plateados que remataban ambas colas, y no pudo evitar sentirse invadida por el deseo de ver sus efectos sobre la carne mortal.
    ¿Por qué tardaba tanto aquel estúpido varón? Caminó inquieta por la estancia, haciendo que algunas arañas de diversos tamaños se escondiesen a su paso, trazando de nuevo líneas verdosas en la penumbra destrozó por completo una escultura que representaba a una aberración mitad drow mitad arácnido, presa otra vez del frenesí que en algunos momentos parecía ajeno a ella misma. Todas sus venas palpitaban, todo su cuerpo estaba hambriento.
    Cuando llamaron a la puerta pronunció una breve orden mágica y se abrió con rapidez, dejando al descubierto a un soldado sujetando una bandeja repleta de comida y bebida, con la mirada baja como correspondía a alguien de su clase.
   Pasa.
   La puerta se cerró tras el joven drow sin emitir el más leve sonido. Casi involuntariamente movió a ambos lados la cabeza, extrañado por los fragmentos de piedra desperdigados por el suelo y las arañas que correteaban asustadas de un lado a otro. Incluso se atrevió a levantar los ojos para mirar a la sacerdotisa, quien le contemplaba en el centro de la cámara, y sus manos temblaron.
    Vestida con una túnica corta casi transparente, lo único que cubría realmente su desnudez eran los hilos plateados que trazaban intrincadas telarañas sobre la brillante piel de obsidiana. Empuñando el látigo bífido y con una expresión antinatural donde se mezclaban la furia y el deseo, Sherhim Vael´Zza encarnaba en ese instante toda la belleza y el horror de la Antípoda Oscura. Con un imperceptible movimiento de su mano libre lanzó de nuevo el globo de oscuridad sobre el arco, sumiendo la cámara en la más absoluta negrura.
    En el espectro infrarrojo, el varón pudo ver cómo aumentaba la fosforescencia del singular látigo, y el calor febril que coloreaba el cuerpo de su superior, sobre todo en determinadas zonas. A pesar de su creciente miedo, reparó en que había algo fuera de lugar en las tonalidades del cerebro: algunas áreas parecían casi congeladas mientras que otras brillaban como metal fundido. No tuvo tiempo de meditar sobre el origen de tal anomalía. Un silbido verdoso anunció la mordedura de dos colmillos plateados en su pecho.
    Las finas piezas de artesanía drow se hicieron pedazos contra el suelo, desparramando la comida y algo que debía de ser vino, pero que en las tinieblas no era más que un fluido azulado. Con un enérgico tirón la sacerdotisa obligó a su víctima a arrodillarse, saboreando el aullido de dolor de su subordinado mientras observaba extasiada como la sangre manaba del musculoso torso.
    Caminó hacia él, enrollando con hábiles movimientos de muñeca los tentáculos de cuero en su cuello. La mordedura apenas le dolía, entusiasmado y aterrado a partes iguales ante la perspectiva de convertirse en el nuevo amante de la primogénita de la casa Vael´Zza. Si estaba a la altura, quizá se convirtiese en su favorito, lo cual le haría sin duda ascender entre la soldadesca. Quién sabe, si estaba a la altura quizá incluso saliese con vida de aquella estancia.
    Cuando la sacerdotisa se inclinó sobre su presa, obligándole a tumbarse sobre la pulida piedra, Nessilt ya conocía la respuesta a las preguntas del condenado. El ilita contemplaba con indiferencia como el látigo apretaba cada vez con más fuerza la garganta del joven, lenta pero inexorablemente. Algunas de las arañas, en cambio, se habían acercado a contemplar la escena, preguntándose tal vez si aquella hembra devoraría al macho tras la cópula.
   Nessilt se preguntaba si todas las molestias que se estaba tomando para azuzar a Sherhim contra su propia madre merecerían la pena. Dominar la voluntad de una sacerdotisa drow no era tarea fácil, incluso para un desollador mental tan experto como él. Su repugnante cabeza de pulpo se estremeció durante un instante cuando la mismísima Reina Araña irrumpió en su mente.
   "Obtendrás lo que deseas, amigo mío, si yo obtengo lo que deseo."
   Contagiado por la perversidad de la diosa, el ilita encendió un tenue fuego fatuo y permitió que el soldado le viese en el espectro de luz normal, contemplando sus últimos estertores, dejando que sus enormes ojos lechosos fuesen lo último que mirase antes de quedar inmóvil bajo el extasiado cuerpo de su ejecutora, quien no podía verle debido al bloqueo mental al que la sometía y al estado de trance en que se hallaba.
   Retorciéndose de placer sobre el cuerpo inmóvil del plebeyo, Sherhim Vael´Zza se sentía más poderosa que la misma Lloth. Cuando las lenguas de fuego verde restallaron de nuevo, iluminando por un momento toda la cámara, lanzó un penetrante grito de guerra, espantando a las arañas e inquietando incluso al ilita.
   El destino de la Madre Matrona estaba sellado. Antes de que Narbondel completase otro ciclo Sherhim y sus colmillos de plata gobernarían la casa Vael´Zza.
 
 
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