27 mayo 2013

Tinta de reo. (Microrrelato).

   La sombra de los barrotes formaba renglones en la hoja de papel amarillento, pero la pluma no los necesitaba para tejer líneas rectas. Las letras de perfiles afilados se enlazaban con las de formas redondeadas, como las espinas y los frutos de una zarza.
    Con cada pausa de la mano el tintero perdía un poco más de su oscura esencia, libada por el pico ávido de inmortalidad. Quedaba poca, y el carcelero le había asegurado que no tendría más. Sus últimos deseos estaban agotados, y la botella del djinn se rompió contra las rocas de un acantilado hacía mucho.
    La pluma bebió por penúltima vez. Tendría que escoger muy bien las palabras si quería contar el final de su historia antes de que el verdugo añadiese el epílogo.
    No concebía una maldición mayor que subir al cadalso no siendo un hombre, sino un cuento inconcluso.
                            
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1 comentario:

  1. Muy bueno Sham. Cuanto más te leo más me gustan tus formas.

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